martes, 17 de abril de 2012

"Sonic" se hace eterno

Existe un momento difícil de olvidar, único e irrepetible, para la gente de mi generación aficionada a los videojuegos. Una piedra de toque, un antes y un después en los videojuegos. Una de esas imágenes que uno contempla patidifuso, con cierto escepticismo -"No me creo lo que está pasando"-, con cara de gato OMG y, al tiempo, inigualable emoción, pasión y, también, agradecimiento.

Porque aquello que pudimos experimentar una legión de fans del Sonic, con el que tantas horas de entretenimiento habíamos pasado, completando una y otra vez el mismo videojuego, iniciando siempre desde cero la partida -recordemos que, por aquel entonces, no era posible guardar la partida en un punto concreto para recuperarlo más tarde-, memorizando los escenarios y los movimientos de nuestro personaje predilecto, tratando de completar pantallas en un tiempo récord, realizando carreras contrarreloj para ver quién se las pasaba en menor duración..., aquello que pudimos experimentar, decía, fue un regalo, un gesto de complicidad, una genialidad del equipo de SEGA que incorporó en la segunda parte de su videojuego más famoso y exitoso la posibilidad de convertir a Sonic en súper guerrer, súper saiyán, súper guerrero o como quiera que se le llamara dependiendo de la ubicación geográfica.



Este momento videojueguil tuvo tanta importancia para nosotros porque no era sino el reflejo de otro momento de otro producto igualmente emocionante, único e irrepetible. Por aquel entonces, en nuestras televisiones triunfaba Bola de drac Z, Bola de Dragón Z, Dragon Ball Z, o como quiera que se le llamara dependiendo de la ubicación geográfica. 

Freezer, uno de los mejores monstruos de una serie de televisión de todos los tiempos, se encontraba en su última transformación -la mejor de todas- y estaba dándole candela a Son Goku y sus amigos sin solución de continuidad. En un alarde de poder y soberbia, Freezer levanta a Krilín del suelo -el mejor amigo de Goku, que le había acompañado desde su infancia en infinitas aventuras- y lo hace estallar en el cielo ante la impotente mirada de Goku y de su hijo Gohan. En ese momento, el archienemigo de Vegeta decide que ya ha sido suficiente, que es momento de cambiar las tornas, y de su ira nace el súperguerrer con la alegre promesa de zurrarle en el cielo de la boca a Freezer, su némesis.


Sonic transformándose en súperguerrer es un trasunto de ese momento. Aprovechando el tirón del mismo en la cultura popular, SEGA recoge la semilla sembrada por Bola de drac y la aplica a su personaje estrella. Bastaban 60 anillos y un salto para ver a SuperSonic y empezar a babear ante la pantalla.

Hace ya varios años que SEGA dejó de fabricar consolas y de competir en el mercado del Hardware. La PlayStation de Sony ganó la partida y, así como Nintendo sí fue capaz de sobrevivir, SEGA se quedó en el camino. Actualmente, sigue desarrollando y programando videojuegos y ha colaborado en más de una ocasión con Nintendo, la que fuera su más dura competidora en aquellos años.

Pero muchos de nosotros siempre le estaremos agradecidos por habernos regalado ese momento y ese argumento. Porque en una de las conversaciones más habituales de aquellos tiempos (Sega vs. Nintendo, Sonic vs. Mario), nos habían servido en bandeja el argumento definitivo que zanjaba una discusión que podía llevar horas:

- SuperMario tiene muchas más pantallas, es más difícil, más dinámico, tiene más personajes, es más divertido y más largo.

- Ya, pero es que Sonic, se transforma en súperguerrer...

Sonic había alcanzado la eternidad.



lunes, 26 de marzo de 2012

Superpoblación (III): Identificando el problema

Sí, la superpoblación es un problema. Pero no es un problema de espacio. Frente a algunas imágenes donde la densidad de población se hace brutalmente angustiosa, la realidad es que, teóricamente, los cerca de 7,000 milllones de personas actuales podríamos vivir todos, con nuestra casita campestre y jardín particular, repartidos en una extensión de tierra del tamaño de la península ibérica.

  • España tiene una superficie de 504,645 km2.
  • Portugal tiene una superficie de 92,391 km2.
  • Juntos tienen una superficie de 597,036 km2.
  • O, lo que es lo mismo: 597,036,000,000 m2.

La población mundial actual, según Banco Mundial, es de 6,840,507,003.

Si dividimos esa superficie por el número total de habitantes da como resultado unos 87 m2 por persona. Según este cálculo, a una pareja le corresponderían 174m2, terreno más que suficiente para esa casita y jardín.

Ahora bien, la superpoblación no se refiere únicamente a la relación de una especie (el ser humano) con la totalidad del planeta, sino también en relación a territorios de ese planeta, de manera que hay zonas de la Tierra actualmente superpobladas donde la densidad poblacional es mayor a los recursos que la zona que habita puede procurar y renovar. Ahí radica el problema.

En este sentido, la extinción de muchas especies se ha debido a la irresponsable e insostenible actividad del ser humano. No hay progreso sin exclusión, dicen muchos. Para que el ser humano siga creciendo en número y siga poblando la Tierra, otras especies deben morir, conclusión esta muy próxima al darwinismo y a la supervivencia del más fuerte.

El sueño del Progreso, con mayúsculas, vocablo-trampa donde los haya, contenedor de rostro amable que ocultaba una ideología desposeída de alma y conciencia, y que ha vertebrado el monumental expolio que del medio ambiente ha estado haciendo el ser humano, ha devenido en pesadilla. Ahora, agonizante, mientras el pueblo despierta -aunque muy lentamente- del embeleso de tamaña entelequia, el Progreso emite sus últimos estertores, al tiempo que los abusones del patio se reparten el botín.


sábado, 24 de marzo de 2012

Superpoblación (II): El umbral de los 15,000 millones

De un tiempo a esta parte -y exceptuando la superstición que fija en el 21 de diciembre de 2012 el fin del mundo- las predicciones sobre el futuro no establecen su horizonte en una fecha del calendario concreta sino en una cifra: 15,000 millones. Ese es el número de habitantes que, según muchos, sería el límite que la Tierra sería capaz de soportar. Otros lo sitúan en el doble, 30,000 millones. No parece haber consenso.

Las estimaciones se basan en las siguientes preguntas -terroríficas si las pensamos como la voluntad del ser humano por llevar al máximo la disponibilidad hipotética del planeta-: ¿Cuánto es capaz de aguantar la Tierra? ¿Hasta cuándo podemos seguir poblándola sin solución de continuidad? ¿Cuándo traspasaremos el umbral de no retorno? ¿Cuándo dejaría de ser habitable la Tierra por haber en ella demasiados habitantes como para que fuese sostenible? ¿Son sostenibles 15,000 millones de terrestres? ¿Es sostenible la cifra actual cercana a los 7,000 millones?

Según aparece en el libro que he referenciado en anteriores entradas, el economista británico Colin Clark cree que la Tierra podría soportar 35,000 millones. De Wit, profesor norteamericano, va mucho más allá y sitúa el límite en 146,000 millones correspondiendo para cada persona hasta 750m2 de espacio vital y habitable por persona, que haciendo un par de cálculos uno ve que es completamente imposible si no se pueblan los océanos de alguna loca manera.

Llevado a su extremo, ya delirante, la Tierra podría soportar 120 personas por metro cuadrado, formando torres encima unos de otros en placas de un metro cuadrado. Torres que llegarían hasta los 2000 pisos. El dato es curioso, pero inconcebible desde cualquier otro punto de vista.

Máxime cuando la huella ecológica del ciudadano occidental contemporáneo indica que necesitaríamos más de tres planetas como la Tierra para que todos pudiésemos seguir viviendo como hasta ahora. Usamos muchos más recursos y generamos muchísimos más residuos de los que nos corresponden para cumplir con la sostenibilidad del planeta. Y evidentemente, cuanta más gente hay en el planeta, menor es la huella ecológica que nos corresponde.

Sí, la superpoblación es un problema.

martes, 20 de marzo de 2012

Superpoblación (I): Intro

A finales de los 60, entre las preocupaciones que varios investigadores de distintas disciplinas describían en sus visiones sobre el futuro, había una predominante; un fenómeno que influía sobre todos los demás y que se convirtió en el núcleo de sus conjeturas. Muchas voces alertaron del riesgo de superpoblación del planeta, inquietas por el rápido crecimiento demográfico derivado del baby boom que se desató después de la segunda guerra mundial. Esas voces no se han apagado a día de hoy, pero sí se han relativizado, se han matizado sus discursos y han tomado distintas formas.

En el libro Futuro - una imagen del mundo de mañana (1975) la superpoblación centra prácticamente todas las teorías sobre el futuro inmediato y las conclusiones y soluciones que se extraen y se proponen se presentan en base a la superpoblación, para resolverla, para paliarla, para manejarla en caso de no poder evitarla. El concepto es muy sencillo. La Tierra I es una cosmonave de recursos limitados. Si la densidad de población aumenta sin control, los recursos del entorno se agotan, disminuye la calidad de vida y, eventualmente, el ser humano destruye el planeta y, por tanto, se destruye a sí mismo. Así pues, hay que controlar a toda costa la demografía y no permitir esta tragedia.

Pero otras voces, aun aceptando que esa fórmula fuese irrebatible, fijan su atención en la muy ambigua expresión de la "disminución de la calidad de vida" y arrojan algo de luz sobre la hipócrita iniciativa estratégica, promulgada por ciertos sectores político-económicos, que anida soterrada bajo el manto de la conciencia social. Porque, al parecer, no se trata tanto de que todos pongamos de nuestra parte para evitar la catástrofe, sino de que otros (importante destacar aquí el concepto de alteridad) deben controlarse para que los demás puedan seguir viviendo como quieren. Es decir, no se trata de instaurar unas vías equitativas y concienzudas de sostenibilidad en el ámbito energético, alimenticio, demográfico... etc, sino que más bien se trata de que otros se sacrifiquen para que los demás puedan seguir con su ritmo y calidad de vida. Existe, evidentemente, una correlación directa de este aserto con los tiempos que nos ha tocado vivir.

Este orden mundial no se diseñó pensando en todos, no se pensó para favorecer a todos. Los diseñadores de este orden mundial tienen unas características comunes y muy reconocibles. Son hombres, son blancos y son ricos.



jueves, 15 de marzo de 2012

Futuro - una imagen del mundo de mañana

Hace unos meses cayó en mis manos un volumen singular. Su cubierta, polvorienta y arenosa, contrastaba con su interior, que se había mantenido limpio e inmaculado, si bien sus páginas estaban algo amarillentas en sus contornos, consumidas por el tiempo que llevaba cerrado. Todo ello síntoma inequívoco de que en manos de sus anteriores propietarios no había sido más que un libro de relleno, de decoración, un libro-adorno por cuyo lomo habrán transitado decenas de ácaros e insectos de polvo varios.

El tomo forma parte de una ambiciosa colección de origen alemán llamada El hombre en su mundo, que Círculo de Lectores editó en 1975. El título del volumen en cuestión: Futuro - una imagen del mundo de mañana. El contenido es impagable: toda una serie de prospecciones del futuro próximo que uno podía imaginar en 1975. Un compendio de conclusiones a las que llegaron investigadores científicos, analistas y filósofos al observar el mundo que les rodeaba y elucubrando sobre adónde podían llevarles las innovaciones y progresos técnicas; estas visiones futurólogas tienen, según el libro, una base científica y plausible. Y esta aclaración es fundamental porque el autor, Ulrich Schippke, ve necesario apostillar que estas proyecciones no son una patochada sinsentido extraídas de la mente de un idiota con ínfulas de experto futurólogo, que es lo que muchos lectores podrían pensar al leer ciertos epígrafes del libro.

Hay mucha tela que cortar, predicciones en torno a la superpoblación, la energía, la alimentación, la ciudad convertida en estación espacial, el tráfico y los platillos volantes, la técnica y la inteligencia artificial, la televisión, la atmósfera, la colonización del mundo submarino, el traslado de fábricas al espacio, niños con garantía de calidad, la conquista de la eternidad, progresos en la conducta y comportamiento humanos... etc. En definitiva, un libro, que es un tesoro.

He aquí la cubierta del libro: